La palabra trauma suena mucho estos días. Abres TikTok o Instagram y encuentras a alguien sin formación en psicología explicando lo traumático que es que tu flaco o flaca no te conteste de inmediato. Y no me malinterpretes, eso sí duele. El problema es que cuando todo es trauma, la palabra pierde fuerza, y te quedas sin herramientas para entender lo que de verdad te está pasando.
El trauma no es lo que te pasa
Gabor Maté, médico que trabajó con trauma por décadas, propone una definición que me parece clave: el trauma no es el evento externo, sino la herida que ese evento deja en ti. No es casualidad, trauma es la palabra en griego para herida.
Desde la tradición del EMDR, de Francine Shapiro, también se habla de trauma con T mayúscula y con t minúscula. El primero se refiere a eventos catastróficos o poco comunes. El segundo, a experiencias más cotidianas, como la negligencia emocional.
Definitivamente, que tu ciudad sea destruida por un terremoto te va a generar un trauma considerable, eso es T mayúscula. Pero que nunca te escojan en el colegio para jugar pichanga también deja una herida, solo que con t minúscula. Las dos dejan huella, aunque de forma distinta.
Tres criterios para saber si algo es trauma
Janina Fisher, una de las mayores especialistas en trauma de la actualidad, retoma la definición de Karen Saakvitne y plantea tres criterios:
Puede ser un evento único, una serie de eventos o condiciones crónicas: desde un asalto hasta crecer en un hogar con abuso o en medio de una guerra.
El evento sobrepasa tu capacidad de afrontar, procesar y estar presente. La capacidad de integrar esa experiencia queda rota.
Se siente subjetivamente como una amenaza a tu vida, integridad o cordura, y te lleva a un modo intenso de supervivencia.
El segundo criterio es el que más me interesa. No basta con que algo duela. Lo que define al trauma es que te desbordó, que en ese momento no tenías cómo sostenerlo.
Qué es un trigger
El trigger, o desencadenante, es otra cosa. Es el estímulo que activa un recuerdo implícito de esa herida y dispara una serie de reacciones: emociones, sensaciones en el cuerpo, conductas.
Pongamos un ejemplo crudo. Imagina que de niño tu papá te pegaba cada vez que llegaba del trabajo a las 7pm. Ya de adulto, cada vez que se acercan las 7, empiezas a sentir ansiedad, como si tu cuerpo se estuviera preparando para el golpe. Puedes sentir miedo extremo, buscar dónde esconderte o simplemente paralizarte.
Que sean las 7 no te traumatiza. Es un interruptor que enciende una programación que ya existía, esa alarma que en algún momento te ayudó a sobrevivir porque hacía el abuso más leve o por lo menos más llevadero. Tu cuerpo no está reaccionando a la hora, está reaccionando a lo que esa hora significó.
Cómo diferenciarlos en tu día a día
La próxima vez que algo te mueva el piso, en lugar de etiquetarlo de inmediato, hazte estas preguntas:
¿Esto sobrepasó mi capacidad de procesar, o me dolió pero pude seguir? Si pudiste seguir funcionando, probablemente no estás frente a un trauma nuevo.
¿Mi reacción es proporcional a lo que pasó hoy? Cuando la intensidad no cuadra con la situación, suele ser señal de que algo más viejo se activó.
¿Esta sensación me resulta conocida? ¿Cuándo fue la primera vez que la sentiste? ¿En qué momento de tu vida reaccionar así fue la mejor opción?
Estas preguntas no son para juzgarte. Si tu reacción es desproporcionada, no significa que estés exagerando o que “seas así”. Significa que tu sistema está haciendo exactamente lo que aprendió a hacer para protegerte.
Volviendo al mensaje sin respuesta
Hagamos el ejercicio con el ejemplo del inicio. Tu pareja no te contesta, un amigo no te avisa para un plan, el profe te pide que hables en público. ¿Eso sobrepasa tu capacidad de procesar, o activa una alarma vieja? La mayoría de las veces es lo segundo.
Y esa distinción cambia todo. Lo que sientes en esos momentos casi nunca es la herida original, es la señal de que algo más viejo se activó. Llamarlo trauma te deja peleando con el presente. Reconocerlo como trigger te da una pista para ir a la raíz.
¿Qué alarma se te enciende a ti con más frecuencia, y desde cuándo la conoces?
Si identificas una alarma que se repite y quieres entender de dónde viene, podemos explorarla juntos en consulta.
